Entretenimiento

Un viaje sensorial fotoluminiscente por el imaginario de Lidó Rico

El reputado creador ha trabajado con un pigmento que absorbe la luz

La Cárcel Vieja vuelve a abrir sus puertas. Primero fueron Héroes y villanos; después, Mu-tantes –en tres ciclos diferentes–, y, ahora, Amotinados. El responsable de estos últimos es Lidó Rico, uno de los artistas mejor considerados de la Región, capaz de transformar los espacios en los que expone con obras sugerentes y cargadas de significado(s). Porque el yeclano no lo pone fácil: él simplemente nos abre las puertas de su más que reconocible imaginario, pero acostumbra a ofrecer muy pocas pistas sobre el significado de sus piezas.

Y eso que, esta vez, junto a cada una de las piezas se ha colocado una cartela explicativa con un código QR que ofrece acceso a contenido didáctico. Sin embargo, Rico prefiere que los visitantes se dejen llevar por su propia experiencia, por los «terrenos de ensoñación y misterio» en los que descansan sus obras. En total son seis: Memento, Cautivos, Call me, Adoquinados, El viaje y Rueda de reconocimiento, media docena de instalaciones hechas ex profeso para el nuevo centro de cultura contemporánea de Murcia y que permanecerán en la cárcel hasta el 19 de marzo.

La gran novedad de esta serie inédita radica en el aspecto sensorial, que, como señalan desde el Ayuntamiento de Murcia, va «más allá de lo experimentado hasta el momento, debido –en alusión al artista– a su novedosa forma de ligar el cuerpo humano con una tecnología de última generación». Rico se refiera a ella como ‘fotoluminiscencia’, «a la propiedad que poseen determinados elementos para emitir radiación luminosa después de haber sido sometidos a una estimulación refulgente externa». Tal y como explica el reputado creador, «el pigmento que impregna la superficie de los diferentes soportes se carga al absorber la energía lumínica, liberándola después de forma lenta y continuada, emitiendo luz cuando el espacio queda a oscuras».

Por esta razón, las diferentes piezas que componen Amotinados requieren que la iluminación se desarrolle gracias a un bucle de encendido y apagado de unos veinte segundos «para que el efecto fotoluminiscente adquiriera forma y de sentido al resultado que se persigue», señala el yeclano, famoso por utilizar su propio cuerpo como molde para algunas de sus esculturas. Por cierto: su obra, además de formar parte de lagunas de las colecciones públicas y privadas más valoradas del país, se exhibe en diversas e importantes instituciones y pinacotecas, como el Museo Nacional Reina Sofía.

Amotinados, que se inauguró durante la tarde de ayer, se completa con una serie de piezas de menor tamaño colocadas estratégicamente durante el recorrido para reforzar la sensación de encontrarse ante un todo interconectado que excede lo tangible para invitar al espectador a sumergirse en un viaje sensorial por las distintas salas y estancias de este remozado espacio.

El artista

Lidó Rico inició sus estudios de Bellas Artes en la Universidad Politécnica de San Carlos de Valencia, pero acabó graduándose en 1991 en la École Superiere du Beaux Arts du Paris. Antes, en el ‘89, obtiene el primer Premio de Pintura Joven de Murcia, mientras que en el ‘92 es seleccionado para realizar la escultura exterior del pabellón de la Región en la Exposición Universal de Sevilla.

En 1997, su obra fue seleccionada para el Salón Internacional de Artes Expresivas celebrado en Medellín, Colombia, y en 2005 fue elegido por el Ministerio de Asuntos Internacionales para representar a España en la XXIII Bienal de Alejandría en Egipto, donde obtuvo el Gran Premio.

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